Altea El reino de la tradición y la fe. Matrilineal, devoto del Nema, anclado en sus formas — y más frágil de lo que aparenta.
El Reino de Altea
Altea es el polo opuesto de León: donde uno construye máquinas, el otro construye templos. Su fuerza reside en la tradición, la religión y un abolengo que se remonta a la antigua Liria.
Gobierno y dinastía
La casa de Valeris reina por línea materna — la línea de la naturaleza, según El Nema. La última reina, Aurelia de Valeris, murió dejando a su esposo Gaspar como regente y a su hija Vanesa como heredera.
Gaspar no fue preparado para gobernar. Los ministros llevan el timón; él firma.
La capital: Aldaia
La parte vieja recuerda al Madrid antiguo: calles estrechas, plazas solemnes, piedra labrada. El Palacio de La Almarea es majestuoso y recargado. La parte nueva es más colonial — avenidas anchas, balcones de hierro, un aire que evoca La Habana.
Caleta es un barrio popular: talleres, comercios familiares, gente trabajadora. De ahí viene Aria.
Religión
Altea es devota de El Nema: la religión de los cuatro elementos y la naturaleza. Es la única fe del continente que permite acceder a la magia — aunque pocos lo practican ya.
Nilia
En las montañas de Altea, entre formaciones de piedra que se alzan como torres en la selva, vive una comunidad cerrada: los nilios. Dominan el Viento. Sus tradiciones son rígidas, su sociedad impenetrable. Llaman drossa — “lo que el viento deja atrás” — a los foráneos.