Vivianne Cabanal
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La inspiración detrás de Nahla

Una cueva sagrada tras una cascada, piscinas de colores imposibles y una leyenda de fertilidad: Pamukkale, las cascadas de Semuc Champey y los cenotes mayas.

Escaleras de agua blanca

Cuando Aria llega a Nahla, lo primero que ve son las cascadas. No una cascada: una escalera de cascadas blancas, anchas como un anfiteatro, que descienden formando piscinas naturales. El agua transparente deja ver el fondo, y el fondo estalla en colores: pozas esmeralda, pinceladas mostaza, medias lunas de fucsia intenso, charcos de un negro azulado que parecen pozos sin fondo.

La referencia visual más inmediata es Caño Cristales (Colombia) - el “río de los cinco colores”. Durante unos meses al año, las plantas acuáticas del fondo tiñen el agua de fucsia intenso, amarillo, verde y negro, creando un río que parece pintado. Los “pequeños pompones de terciopelo” fucsia que Aria ve en el fondo de las pozas son exactamente eso: la Macarenia clavigera, esa planta endémica que convierte tramos enteros de río en alfombras de magenta vivo.

Caño Cristales me dio el color. Pero la forma de las piscinas viene de dos sitios: Pamukkale (Turquía) - las terrazas escalonadas de travertino blanco donde el agua se acumula en peldaños - y Semuc Champey (Guatemala) - pozas naturales de agua cristalina sobre piedra caliza, rodeadas de selva tropical.

Y la circularidad perfecta de las bañeras (“como si alguien las hubiera tallado con un compás”) tiene un eco de los cenotes mayas: pozos redondos excavados por el agua durante milenios. Nadie los talló. El agua es paciente.

La cueva sagrada

Detrás de la cascada principal hay una cueva. El río pasa por encima - se oye rugir a través de la roca. El agua se filtra por las grietas del techo y cae en hilos finos sobre bañeras naturales. Por las grietas más anchas entra también la luz, dibujando columnas doradas en la penumbra.

Eso es una mezcla de dos lugares reales. Las cuevas tras cascadas de Islandia (Seljalandsfoss, donde puedes caminar detrás de la cortina de agua) y las grutas kársticas con luz cenital del sudeste asiático - esas cuevas donde un agujero en el techo deja caer un rayo de sol que ilumina un lago interior como un foco de teatro.

Un lugar de mujeres

Lo que hace especial a Nahla no es solo la geología: es el ritual. Las mujeres peregrinan hasta aquí para bañarse en las aguas sagradas - las que desean concebir, las que buscan un parto seguro. Cantan, rezan, charlan entre ellas sumergidas hasta los hombros.

La inspiración aquí es antropológica más que geográfica: los baños rituales femeninos existen en decenas de culturas - desde los hammams exclusivos para mujeres en el mundo árabe hasta las fuentes sagradas celtas, pasando por los onsen japoneses segregados o los mikveh judíos. Espacios donde el agua no limpia solo el cuerpo.

En las paredes de la cueva hay escritura nilia. Nadie sabe ya lo que dice. Pero las mujeres siguen viniendo, siglo tras siglo, a un lugar que alguien - hace mucho tiempo - decidió que era sagrado. Y eso, con escritura o sin ella, se siente.